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Entrevista con la directora Nocem Collado: pasión por la imagen, los viajes y los derechos de la mujer, por Joel Jardines

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Realizadora, fotógrafa y colaboradora de revistas en las que escribe sobre la situación de la mujer, Nocem Collado siente la necesidad de enseñar lo que ve, aunque eso implique dolor. Nacida en Granada y con la oportunidad de haber visitado diversos lugares del mundo, prácticamente en su totalidad el continente asiático, ha decidido enfocar su arte en problemas que cree necesario (y urgente) solucionar.

Conversar con ella es enriquecedor. En esta ocasión sobre sus experiencias y su más reciente obra “La mujer y el agua”, documental que ha sido proyectado en varios países y ha ganado diferentes premios, incluyendo recientemente el Premio Biznaga de Plata “Afirmando los Derechos de la Mujer” en la 17ma edición del Festival de Cine de Málaga y el Premio a Mejor Largometraje Documental Nacional en la 7ma edición del Ecozine, Festival Internacional de Cine y Medio Ambiente de Zaragoza.

-Tus obras tratan temas de género, centrándose en las problemáticas que enfrentan las mujeres en diferentes partes del mundo, principalmente el mundo islámico ¿Qué te ha motivado a contar estas historias?

Llevo unos 20 años viajando por el mundo. Poder profundizar y aprender de las distintas culturas del mundo es apasionante, además de un ejercicio muy fructífero, si uno realmente quiere instruirse durante su vida.

Siempre digo que he tenido una suerte enorme de nacer mujer en un país europeo porque muchas mujeres del mundo no tienen posibilidad de viajar. Tengo libertad de movimiento porque siendo occidental es fácil conseguir un visado para viajar a casi cualquier parte del mundo, y porque tampoco dependo del permiso de un varón de mi familia para poder viajar, estudiar, tener un trabajo o tener una cuenta corriente en un banco.

Pero nuestro modelo respecto a temas de igualdad tampoco es el correcto. Nos queda mucho que luchar entre hombres y mujeres para que se extinga la violencia machista y para que no se estimule tanto la cosificación de la mujer en los medios de comunicación y publicitarios, entre otras cosas.

Recorrí la Ruta de la Seda siguiendo la ruta norte que según Luce Boulnois hizo Marco Polo. La Ruta de la Seda fue durante siglos una ruta de intercambio cultural y etnográfico, aparte de una ruta comercial. Es realmente muy interesante. Y en muchas regiones de esta ruta se practica el Islam con sus características adaptadas a cada región, lo mismo que se ve esa adaptación en los distintos fenotipos étnicos. De ese viaje realicé una exposición titulada “Mujeres en la Ruta de la Seda” que era un trabajo analítico sobre las etnias, vidas, trabajos y vestimentas.

Aparte de lo meramente analítico también me di cuenta de las dificultades que sufrían las mujeres, en especial las viudas. Me impresionó que hubiese tantas viudas en India, Afganistán, Irán, Pakistán, Nepal etc. y quise poner voz a esas mujeres. Por eso hice mi primer documental “Cartografía de la soledad”.

-Una de estas obras es el largometraje documental “La mujer y el agua”, que muestra la dura realidad de las mujeres y el agua en la India ¿Cómo fue la experiencia de hacer este trabajo?

Hay un trabajo previo que es muy apasionante que es cuando buscas información y empiezas a estructurar la historia de qué quieres contar y cómo lo quieres contar. Pero es una cadena que nunca acaba, es infinita. Cuanto más sabes, más te apetece saber.

El problema es que generalmente la información de la que dispones, es información publicada por empresas, ONG, personas foráneas o por indios que han sido educados en universidades inglesas en su mayoría, por lo tanto no tienes testimonios directos de las mujeres que realmente padecen problemas con el agua. Tampoco puedes hacer entrevistas previas, porque muchas de ellas viven en zonas rurales, son pobres e iletradas, y que no disponen de medios de hacer público sus problemas.

El método de trabajo que yo utilizo es rodar sola. Pienso que es muy difícil que una mujer, que no está acostumbrada ni siquiera a ver la televisión, hable abiertamente delante de un equipo de rodaje, y menos si el equipo está compuesto en su mayoría por hombres. Normalmente el marido o algún varón de la familia tiene que darle permiso para hablar ante extraños, y por otro lado la entrevista suele ser dirigida o por el marido o por la comunidad, por lo tanto nunca se escucha la opinión de la mujer.

Vivía con ellas. Iba con ellas todo el tiempo, aunque no estuviera rodando, porque así me veían como una persona que estaba en su misma situación. Tampoco utilizo traductor in situ por la misma razón. Si tenía dificultad con algo o no me entendían, llamaba por teléfono a algún amigo indio y me hacía de intérprete.

Luego las entrevistas me las traducían en la ciudad.

El proceso de rodaje también es un trabajo muy apasionante. Es una fase en la que tienes que estar abierto a muchos cambios e incertidumbres. Constantemente tienes que adaptar tu idea original, que has hecho en tu ordenador y en tu casa, a lo que te encuentras en la realidad en el país en el que estás rodando.

A ello tienes que sumarle otras dificultades, como fueron en mi caso la malaria, a pesar de estar tomando los profilácticos, la sarna, debido a las condiciones higiénicas en las estaba, o a la policía, que no querían que enseñara la realidad en la que viven los intocables y la gente más desfavorecida, o la contaminación que provocan las empresas extranjeras allí.

– ¿Por qué elegiste la India para hacer el documental sobre las mujeres y el agua?

En un planeta cada vez más sediento, cualquier lugar habría sido interesante analizar los problemas de la falta de agua y las consecuencias que tiene en la mujer. Pero en la India se dan varios factores interesantes al mismo tiempo.

Se dice que la India es el país de los grandes contrastes, como por ejemplo es la 12ª economía mundial y la cuarta potencia en paridad de poder adquisitivo, sin embargo es el país del mundo con mayor concentración de pobres y tiene una tasa de malnutrición del 46%. Según el Banco mundial más de la mitad de la población india vive bajo el umbral de la pobreza. Esto se transforma en que más del 80% de la población no dispone de agua en sus casas y tampoco de acceso a inodoros.

Si India adquiriera el modelo occidental de consumo de agua y con la perspectiva de que en 2030 será el país más poblado del planeta, en muy pocos años acabaría con todos sus recursos hídricos y la lucha por el agua sería aún más cruenta. Actualmente es uno de los países con mayor estrés hídrico del mundo.

Parece que el gobierno indio no analiza esta circunstancia, ya que concede derechos de explotación de sus recursos hídricos a compañías privadas, que emplean alta tecnologías en la purificación y embotellado de agua que luego venden a precios desorbitados que la mayoría de la población no puede comprar. En la India aún mueren millones de personas anualmente por enfermedades causadas por la contaminación del agua por arsénico y fluoruro o por el cólera y fiebres tifoideas.

Además un recurso natural al que cada vez menos personas tienen derecho a disponer de ella por razones tan singulares como vivir en zonas rurales, ser pobre o pertenecer a una determinada casta.

A pesar de que el sistema de castas está abolido constitucionalmente, socialmente los dalits, por su condición de casta de los “intocables” no tienen derecho a beber y disponer de agua en el mismo lugar que el resto de las castas porque piensan que la contaminan con sólo tocarla. Sus trabajos tienen que ver con cadáveres, basuras, trabajadores de cuero, limpieza de detritus, etc. Por eso, al estar en contacto con elementos contaminantes, piensan que contaminan el agua.

Pero el problema de la contaminación del agua en la India es escandaloso. El gobierno apenas regula y sanciona la contaminación medioambiental y los ríos cada vez más son usados como vertederos urbanos e industriales. Los ríos según la OMS contienen 100.000 veces más de coliforme fecal de lo permitido. El incremento de casos de cáncer es comparativamente abismal con los países occidentales. Sólo en 2012 murieron más de 6 millones de personas diagnosticadas de cáncer cuando es un país en la que la mayoría de los pacientes de cáncer mueren sin atención médica. El 71’1% de los pacientes diagnosticados tenían entre 30 a 69 años. Y la ONU cifra en más de 2 millones la muerte de niños al año por beber agua infectada. Pero también la sobreexplotación de la tierra con semillas transgénicas y productos químicos hacen que tanto zonas urbanas como rurales estén altamente contaminadas.

Cuando estaba allí me preguntaba ¿cómo un país como la India, en plena expansión económica y de población, no ha invertido en los recursos hídricos y en una adecuada educación de estos recursos? De momento lo que se está viendo es la depredación del medio y una crisis ecológica de la que no son realmente conscientes a pesar de las voces de alarma que hacen muchas organizaciones. Las ciudades y la población crecen a ritmo vertiginoso y para ello necesitan más agua de la que sólo disponen unos pocos. El neoliberalismo económico es muy voraz.

-Recientemente “La mujer y el agua” obtuvo el Premio a Mejor Largometraje Documental Nacional en el Ecozine, Festival Internacional de Cine y Medio Ambiente de Zaragoza ¿Qué significa para ti este reconocimiento y cómo fue la experiencia en el festival?

Para mí la experiencia ha sido genial. Los cineastas tenemos que estar en continuo aprendizaje y las películas que se presentaron eran además de interesantes, de muy buena calidad.

La crisis económica en España ha hecho que muchos festivales no se hayan podido celebrar o han reducido sus secciones. Festivales como Ecozine son imprescindibles para la difusión de la cultura a través del cine y ayudan a la concienciación de los derechos sociales y el respeto por el medio ambiente. El esfuerzo que han hecho toda la organización de este festival ha sido enorme, han puesto pasión y profesionalidad. Además la sensación que te llevas es de entrar a pertenecer a una gran familia.

-¿Estás trabajando en alguna nueva producción? ¿Proyectos futuros…?

Sí, siempre tengo proyectos pero lo que no tengo es tiempo.

Me gustaría ser libre y poder dedicarme profesionalmente a hacer documentales, pero es un mundo para muy pocos.

Más sobre su obra:

-Cartografía de la soledad: www.cartografiadelasoledad.com

-La mujer y el agua: www.lamujeryelagua.com

Reportaje de: Joel Jardines.

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