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giraluna

‘Vincent y el Giraluna’ de Luis Eduardo Aute por Miguel Ángel Barroso

 

Luis Eduardo Aute es cineasta, además de poeta, pintor y cantautor. Tiene varios cortometrajes profesionales realizados en los primeros años de su carrera como artista. Pero finalmente se inclina del lado de la música a la que se consagra en cuerpo y alma, sin descuidar nunca la actividad pictórica, que se funde por completo con las canciones y las letras de sus discos.
En 1999, su álbum ‘AnimaLdos-poemigas’, ‘estereografías… y otras animaciones’, incluye un cortometraje de animación titulado: ‘Metamorfosis amortal’ , con el que Aute inicia su nueva andadura como director de cine, volcado por completo en la animación artesanal que usa el blanco y negro y el color con asombrosos resultados narrativos y emocionales.
En 2001 estrena el largometraje ‘Un perro llamado dolor’, claro precedente de ‘Metamorfosis amortal’, que le lleva 5 años de trabajo y más de 4.000 dibujos a lápiz.
En 2012, el cortometraje ‘El niño y el Basilisco’ (editado junto al disco ‘El niño que miraba el mar’) deja claro que Luis Eduardo Aute tiene un discurso coherente como cineasta y que la animación es el medio con el que expresa mejor su talento cinematográfico.
En 2015 lanza su nuevo disco ‘Giralunas’ que viene acompañado del cortometraje ‘Vincent y el Giraluna’, un emocionante retrato del arte enfrentado al abismo del mundo.
En sus imágenes se respira cine y detrás de ellas, hay un mundo de sueños, de aprendizaje y de evolución constante.
Emociona y conmueve en ‘Vincent y el Giraluna’, ese blanco y negro hecho a carboncillo que es igual que un corazón formado por agua, luz y vísceras, enfrentado a su propia desesperación de lucha sin tregua por conseguir el anhelado amor al que aspira el ser humano.
El amor con mayúsculas, el amor como remedio para la vida, el amor como fuente inagotable para la compasión por el otro. Incluso ese Basilisco (legendaria criatura de la mitología griega que mata con la mirada) es el amor furioso, celoso, encadenado a su propio destino maldito, perdido en un largo viaje por sus infiernos de ira y agresión casi inocente, porque están provocadas por el miedo a descubrirse a sí mismo, a reconocer que en realidad, detrás de ese pico asesino y ese ceño iracundo (del aterrador pájaro que es el basilisco) gotea la sangre de un bendito que fue maldecido hace siglos? Quizá Eternios! Y ya se ha conformado como el mal que lucha contra el bien… si es que el bien sabe que el mal lucha contra él…
Emociona y conmueve en ‘Vincent y el Giraluna’, esa ardiente noche sin pesadillas y llena de desolación, de tristeza limpia, de amores en blanco rodeados de misterio.
Emociona y conmueve ese pobre y rebelde “Girasol mirador” que se convierte a fuerza de días y noches en un loco bebedor de la luna, el cual, paga muy caro su dulce recato (que es todo un atrevimiento) de hombre sencillo y pleno de sonrisa.
Aute introduce en la película al pintor Vincent van Gogh: Vincent el loco y sus pinceles de cirujano, toman y asumen el riesgo de la batalla que ha de entablarse inevitablemente con el formidable Basilisco.
La guerra nunca es por impiedad, si acaso, la guerra siempre es un acto de amor. Y las lágrimas se vierten y empapan la nocturna humedad y el silencio de las ondas del campo. Y todo vuelve a tener un orden, un sentido común, un inicio de temprana infancia o recuperado nacimiento. Y así la agonía es un abrazo y unas pupilas de tristeza y un inagotable fervor por la vida al borde de la muerte.
Vincent es una paleta de armas de guerra, de balas de lucha, de impactos de sombra contra gritos desaforados y ojos que maldicen y se clavan en su triste figura de pintor loco, tan lúcido, que el mundo le rechaza.
Y el Giraluna (criatura sencilla que yace en la agonia de su desilusión provocada por el ser humano) se arma de latidos e impide que la tierra sea sólo su sepultura, su hoyo de olvido, su jardín de muertos enjaulados.
Nace una súplica en los labios: que el terror o mate a este hombrecillo valiente: Girasol que se rebela contra la luz cegadora y calcinante. Que sea obra de la luna su mirada nocturna que planta cara a la resignación: !la peor muerte de un espacio sembrado de estrellas!.
!Y si las lágrimas se derraman y la tierra bebe y el pintor loco se apiada, qué! Los ojos se comen y se mastican las blancas canicas de blandura inspirada y llena de la nueva luz: ¿un poeta armado de pinceles que habla con la luna? ¿Que puede matar pero no esgrime la espada? ¿Que no pinta porque el retrato más puro lo ha soñado como el desasosiego atormentado y lucido de Pessoa?.
Sueños, sueños, sueños y ataques con disparos de cañón!!! Y abordajes con mutilaciones permitidas sólo a los pasajeros de la entonación del poeta portugués, a sus personajes ficticios más reales que la vida real e impura, más salvajes que una mirada enfrentada a otra: los ojos de Vincent alguna vez han sido el Basilisco, y el pequeño Giraluna ha matado por desesperación lo que más le daba la mano.
La agonía sólo puede o debe ser un bello acto que de sentido a la existencia de la vida si se tiene. La agonía debe saciar la sed con lágrimas de blanco esperma hincándose en el abismo de los sueños y componiendo el correcto paisaje del cuadro: !la vida en una pureza tan inmoral que ha de ser vengada y rematada por la maldad bondadosa que agita las alas y lanza los cuervos contra la flaqueza de la carne!.
Pero a pesar de la muerte, la vida es más fuerte y levita contra el cielo y llega hasta el universo y genera una luna de fulgor amarillo y metálico mohín, aterrada frente a la limpieza del acto: la brutal ofensa contra el arte y la ineluctable banalidad de la guerra.
Los Girasoles se levantan en ordenado paso de cadáveres rientes. Sus ojos, cegados por el sol de tantos años, aspiran el nuevo hedor de otro sol en transformación aparentemente humanitaria.
Todo es un proceso de cementerio, una alocada carrera para ver quien pone primero la bandera y la clava.

Si el grito ardiente de otro ser humano
no ha sido escuchado
es porque había demasiados redobles de tambor.
Pero el soñador está vivo a golpes y contragolpes.
Es lo mismo que soñar con detallado guión, con un mundo que es más real, porque tiene tanto relieve que los colores hieren los ojos.
Y es más real, porque al despertar del sueño nos descubre toda su impostura.

Miguel Ángel Barroso

Más info en: luiseduardoaute.com

 


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