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Francesca Archibugi: la infancia de hierro por Miguel Ángel Barroso

 

La presencia del presente -está en su cine- a través del pasado.
La insistente ausencia gana la batalla en cada una de sus imágenes: la enfermedad existe como un dolor necesario para evitar el daño, o lo que es peor: la muerte en vida.
Francesca Archibugi, desenrolla el ovillo de la inquebrantable voluntad, que a través de una lente cinematográfica enfoca y desenfoca artesanalmente, sin trucos narrativos que edulcoren o escondan el verdadero problema. Sólo los retazos de música vienen a socorrer el alma cuando esta lo suplica. Y por eso la música subraya el dolor que no quiere ir por otro camino.
Los personajes de la directora quieren vivir la vida que han elegido y nunca ceden.
Desde la infancia está la lucha, el coraje, el miedo, la inexperiencia y el instinto de saber que el camino al que se ha de llegar no supondrá una equivocación.
Hay dos tipos de personajes en su cine: aquellos que no cambian y son de hierro forjado, y los que se pierden cada día por distintos caminos.
En su opera prima: ‘Mignon è partita’, su protagonista, una adolescente llamada Mignon, tiene una idea fija: huir a costa de todo y de todos. No cederá nunca. Su primo Giulio, se aferra a su propia vida y al amor que siente por Mignon. La diferencia entre ambos es que Mignon ama la vida sin los demás, y Giulio la detesta si no es amado.
Estas mismas actitudes las encontraremos en los personajes de su segundo film: Verso sera, una desencantada y lúcida historia en la que el viejo profesor Ludovico Broschi, vive su rutina apacible sin poner jamás en duda que su actitud es la correcta y que, por tanto, su vida no tiene equivoca-ciones.
Esta forma de pensar entra en constante conflicto con su nuera Stella, quien, vive su vida de hippie con todas sus consecuencias. Solo su pequeña hija, Papere, es capaz de lograr que ambos se sienten alguna vez a hablar con calma.
Papere es el tercer personaje que puebla constantemente el universo de Archibugi, el cual, se podría definir como alguien que observa y guarda dentro de sí, todo cuanto sucede a su alrededor.
Papere, representa la infancia de hierro serena e imperturbable, que la directora ha elegido para hablarnos de sí misma a través de los personajes de ficción.
El cine de Francesca Archibugi – complejo en su aparente sencillez- hace sentir en el espectador una emoción contenida que por momentos (o casi instantes) se desborda, atacando con la amargura conocida y arraigada; como las raíces que muerden la tierra.
Esta emoción se pone de manifiesto, porque quien conoce su enfermedad no la muestra. Porque su pudor es un rubor que le avergüenza y le hace débil frente a una sociedad que aplasta y limita a lo esencial, esto es: a la vida programada por la moral establecida.
No importa si las historias que nos cuenta la cineasta se desarrollan en el pasado o en el presente; uno y otro se favorecen, se miman, se dan la mano con honestidad.
Por eso, a pesar de que el motor de su cine es la ciudad – y casi exclusivamente Roma, ciudad natal de la cineasta- esto no excluye la vida rural, los pueblos y los caseríos, representados en uno de sus mejores filmes: ‘Con gli occhi chiusi’, tragedia íntima de desesperado romanticismo.
Su última película ‘Il nome del figlio’, aunque está basada en la obra teatral Le prénom, que a su vez se hizo película de éxito, no por ello resulta menos ajena a su mundo ni al coherente desarrollo de su personalísimo cine. ‘Il nome del figlio’ nos habla de una familia numerosa muy desestructurada, cuya vida se parece mucho a una ficción cinematográfica. Archibugi se enamora de cada uno de ellos e, inmediatamente, los humaniza y los acerca al espectador en esta ocasión con las claves de la más pura comedia agridulce. Finalmente, el nacimiento de un niño es recibido con una lluvia tranquila que apacigua los ánimos…
En todos sitios cae la misma lluvia que purifica las pasiones y hace más dichosa la muerte.
La lluvia dentro del cine de Archibugi, es otro personaje más que se adueña de los pequeños seres humanos que sacan sus paraguas refugiándose de ella. Pero la lluvia no cesa hasta que todos están mojados y las decisiones -buenas o malas- hayan modificado el paisaje de los sentimientos. Unos serán más felices y otros seguirán siendo desdichados. Unos morirán sin poder evitarlo y otros vivirán sin quererlo. Unos estarán en guerra y otros en paz. Unos amarán y otros odiarán. Unos serán niños y otros adolescentes. Unos serán viejos y otros jóvenes.
Pero la lluvia cae, ha caído y caerá mojando el asfalto y penetrando la tierra.

Miguel Ángel Barroso
Poeta, ensayista y director cinematográfico

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